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Carta a la No Maternidad


Carta a la no maternidad, mano sosteniendo pluma

Hola, extraña.


Te sigo llamando así porque apareciste hace relativamente poco en mi vida. Como un torbellino de ideas, una figura enigmática que me atrapó, un bálsamo de posibilidad y un camino que parecía ser solitario.


Tu compañía viene y va en mis días. De repente apareces en mi taza de café, en un pensamiento entre mis pendientes a resolver, en la mirada de mi gato, en un sueño y hasta en las canciones. Parece que te gusta hacerte sentir sin presionar, sutilmente entre las delgadas líneas de decisiones cotidianas.


Me gusta saber de ti, sobre tu pasado y tus compañeras de movimiento. Las amigas que te han tomado de la mano y que has guiado en el camino, pero no te mentiré a veces eres aterradora. Sí, aterradora porque tus haters (si vale que les llamemos así), te pintan como un hoyo negro, la soledad andante, la desesperanza invasora, el desamor eterno. El vacío. La nada que lo ocupa todo como en el país de Fantasía. ¿Realmente serás así?


Para mí te has convertido en mi extraña favorita. La que todavía trato de descifrar a partir de tus anécdotas, de las personas que me presentas para que me cuenten de ti, de tu camino poco explorado. No se trata de que no existan mujeres que han andado de tu mano, sino que sus voces se han tenido que apagar ante el incesante ruido de afuera; de la presión social, los roles de género, los deseos insertados en las mentes que crecimos con la idea de la familia tradicional, de la imagen noventera de las películas románticas.


Siempre he romantizado la vida al lado de tu hermana: la maternidad. Supongo que fue así porque a mi alrededor nadie hablaba de su complejidad, de lo que representa maternar en solitario incluso estando en pareja, del arrepentimiento porque el amor a les hijes debe ser lo mejor de la vida para todas las mujeres.


¿Verdaderamente será así?


Sé que tú tratas de abrir la conversación más cruda y aterrizada sobre lo que representan ambos caminos, por eso me has encontrado en medio. Sigo inclinándome más hacia ti porque no creo que el “instinto maternal” exista, sino que es una construcción social que nos han vendido como que tomar Coca-Cola nos hará felices en familia. Una falacia más del capitalismo, patriarcado y de los sistemas opresores de los que formamos parte.


No es que desprecie las maternidades, porque efectivamente son LAS; cada una es distinta, con sus altibajos y ocurre en circunstancias tan complejas como la vida misma. Sino más bien no me siento atraída por el universo que ofrece porque no me veo con una cría en el corto, mediano o largo plazo, cambiando mi rutina para cuidar de una personita que dependerá de mí 100%, incluso si ese porcentaje va disminuyendo conforme avanza su vida (hay veces que eso nunca sucede), volver a cursar desde el kínder hasta la universidad, vivir entre pañales, pinturas, juguetes y preocupaciones: ¿respira?, ¿come?, ¿duerme?, ¿regresó de la fiesta?, ¿se emborrachó?, ¿se drogó?, ¿tiene buenos amiges?, ¿tendrá dónde vivir?, ¿podrá ser independiente?, ¿tendrá agua, comida, recursos para sobrevivir en un mundo post-covid, en guerra, con inflación, empobrecido?, ¿SERÁ BUENA PERSONA?


Por ello, encontrarme contigo me ha mostrado que tampoco existe sólo UNA TÚ, te muestras de diferentes maneras, algunas más abiertas y por voluntad que otras, pero sigues siendo tú. La que transforma la vida, la que nos hace ver con otros ojos nuestro entorno, nuestras relaciones, nuestros cuerpos y, para las que tenemos el gran privilegio de considerarte una opción, te muestras con los brazos abiertos, sin espejismos, real, imponente y amorosa.


Sabes que tu presencia a veces incómoda, pero que es necesaria, por eso vas con cuidado, despacio, soltando preguntas, análisis y referencias para hacer más fácil el avanzar.


Gracias a eso, me has ayudado a cuestionarme mis creencias más arraigadas, por muy difícil que parezca, pero lo que más te agradezco es que me has traído a una comunidad de mujeres que como yo todavía te consideran una extraña, pero que tenemos la intención de explorarte, aprender de ti y ser libres. Libres de elegirte o no, libres de sentirte o no, libres de caminar contigo o no.


Libres de ser nosotras.

carta a la no maternidad


Mich García

Nunca Madres

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